Cuando el duelo llega a la pareja: aprender a caminar juntos

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La llegada de un hijo transforma una pareja. Del mismo modo, la pérdida de un bebé también transforma la relación, aunque pocas veces se hable de ello.

Después de una pérdida gestacional, perinatal o infantil, no solo cambia la vida de la madre y del padre. También cambia la dinámica de la pareja. Cada uno comienza a recorrer un proceso de duelo que, aunque nace del mismo amor, no siempre se vive de la misma manera.

Y eso está bien.

Uno puede necesitar hablar todos los días sobre el bebé, mientras el otro apenas encuentra fuerzas para mencionarlo. Uno puede llorar con facilidad, mientras el otro guarda sus emociones en silencio. Ninguna de estas formas significa que se ame más o menos. Simplemente son maneras diferentes de enfrentar un mismo dolor.

El reto aparece cuando interpretamos esas diferencias como falta de interés, de amor o de comprensión.

Muchas parejas sienten miedo cuando descubren que no están viviendo el duelo igual. Se preguntan si es normal, si el otro ya “lo superó” o si la relación volverá a ser la misma.

La realidad es que el duelo no exige que ambos caminen al mismo ritmo. Lo que necesita una pareja es comprensión, respeto y la disposición de acompañarse, incluso cuando las emociones se expresan de formas distintas.

Darse permiso para vivir el duelo a su manera y, al mismo tiempo, sostener al otro en el suyo puede convertirse en una de las mayores fortalezas de la relación.

También es importante reconocer que pedir ayuda no significa que la pareja esté fallando. En muchas ocasiones, compartir con otras familias que han vivido experiencias similares o participar en espacios de acompañamiento permite descubrir que muchas de las dudas, temores y emociones que aparecen son completamente normales.

Nadie debería atravesar una pérdida sintiéndose solo.

Pero este camino no lo recorren únicamente la madre y el padre. También lo viven los abuelos, los hermanos, los tíos y los amigos cercanos. Muchas veces desean ayudar, pero no saben cómo hacerlo. Temen decir algo incorrecto, evitan hablar del bebé o creen que el silencio protegerá a la familia.

Por eso el acompañamiento también debe llegar a quienes forman parte de ese círculo cercano. Cuando una familia comprende el proceso del duelo, puede ofrecer una presencia mucho más respetuosa, amorosa y útil para la pareja.

Esa es precisamente una de las razones por las que nació el Programa de Acompañamiento (puedes registrarte aquí) de la Fundación Huellas de Ángel: brindar orientación no solo a quienes han vivido la pérdida, sino también a las personas que desean acompañarlos. Porque entender el duelo también es una forma de cuidar.

Con el tiempo, muchas parejas descubren que la pérdida no define su relación, pero sí puede transformarla. Algunas aprenden a comunicarse mejor, a valorar más los pequeños momentos y a sostenerse mutuamente desde un lugar más profundo.

No existe una manera perfecta de vivir el duelo en pareja.

Existe, eso sí, la posibilidad de seguir caminando juntos, respetando los tiempos del otro, escuchando con el corazón y recordando que el amor por ese hijo o hija siempre será el punto que los une.

Porque el duelo puede cambiar muchas cosas.

Pero cuando se vive con empatía, también puede fortalecer el amor que permanece.

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